En el último número de RAHAL, Revista argentina de historiografía (de acceso libre y gratuito), aparece una reseña de El patrimonio lingüístico extranjero en el español del Río de la Plata de Rudolf Grossman. Esta obra publicada por primera vez en 1926 ha sido reeditada por la Biblioteca Nacional y cuenta con Estudio preliminar de Fernando Alfón. Vale destacar que ésta es la primera traducción al español (título original: Das ausländische Sprachgut im Spanischen des Río de la Plata. Ein Beitrag zum Problem des argentinischen Nationalsprache.), la cual estuvo a cargo del Prof. Dr. Juan Ennis.

Como señala Mara Ruth Glozman en su reseña:

El trabajo de Grossmann consiste, a grandes rasgos, en un ensayo de carácter lingüístico-filológico acerca de los distintos tipos de aportes e influencias de las lenguas extranjeras europeas en la variedad lingüística rioplatense.
(…)
El capítulo I, titulado “Condiciones para el desarrollo de lenguas hispanoamericanas especiales”, tiene un carácter más general y consta de dos partes. En la primera, Grossmann presenta una caracterización del español del Río de la Plata, según sus componentes y rasgos constitutivos. Son tres los componentes que el filólogo identifica en la variedad lingüística
rioplatense: el español, el indígena y el de las lenguas europeas modernas. Ya desde esta primera instancia descriptiva, Grossmann articula su argumentación sobre la base de un ideologema (Angenot 1982) que aparecerá como uno de los principios centrales que organizan la investigación: la lengua es compañera del progreso intelectual y/o técnico-económico. En efecto, a lo largo del texto, Grossmann construye una jerarquía que le permite
diferenciar entre lenguas de distinto valor civilizatorio y cultural: el francés, el inglés y el alemán tendrán un papel privilegiado como lenguas de progreso; en primera instancia las lenguas indígenas (y, en los capítulos siguientes, el italiano) recibirán las calificaciones menos apreciadas en lo que respecta a los valores culturales que transmiten. De esa manera se explica que, desde la perspectiva jerárquica grossmanniana, las lenguas indígenas no constituyan un problema para la conservación de la lengua española en el Río de la Plata: para el filólogo, además de la comprobación empírica de que tales lenguas no produjeron ninguna transformación de envergadura en la variedad argentina, el progreso seguirá conduciendo a disminuir cada vez más su radio de influencia. Con el tercer componente, el del “patrimonio lingüístico extranjero”, se da una situación bien diferente de aquella que presenta el componente indígena, también denominado “nativo”: la influencia del componente europeo moderno se presenta como beneficiosa para la cultura y para el avance de la civilización. En consecuencia, este tercer componente es el único que podría producir cambios lingüísticos que merecieran la consideración de los estudios filológicos. A ello dedica Grossmann el resto de la obra.
La segunda parte del capítulo se detiene en una revisión de las posiciones e ideas acerca de la lengua nacional que surgieron en Argentina desde la generación de 1837, revisión que –como destaca Alfón en su estudio preliminar– resulta sumamente escueta e incluso poco precisa. Este modo de abordar una cuestión que ha despertado polémicas y controversias de envergadura en distintos momentos de la historia nacional da cuenta de cuál es el foco de interés del lexicógrafo e hispanista. No obstante, la inclusión de la breve reseña acerca de las posiciones sobre la lengua nacional argentina –reseña en la que se destaca el papel de autoridad que Grossmann le adjudica a Ramón Menéndez Pidal y a su escuela filológica–resulta significativa en una obra de carácter empírico. En este sentido, se puede considerar que –aunque breve– la atención otorgada a los discursos sobre la lengua introduce una dimensión político-simbólica en las consideraciones acerca de la (no) autonomía lingüística
de la variedad rioplatense. En efecto, para Grossmann, una lengua no solo puede conservarse o sufrir transformaciones en virtud de procesos lingüísticos internos; también pueden incidir en ello las medidas oficiales y las intervenciones de diversos círculos político-culturales. En este punto, uno de los aspectos interesantes a destacar es que el filólogo identifica los efectos de las intervenciones político-culturales sobre la lengua y sobre las prácticas lingüísticas, afirmando explícitamente la conveniencia de acompañar los procesos “naturales” de la lengua con el esfuerzo hispanista de los sectores e instituciones que más influencia tienen en el espacio público: la escuela, la prensa, la industria editorial.
(…)
La preocupación por la influencia de las lenguas extranjeras europeas en la variedad rioplatense está motivada, según Grossmann, por dos factores. En primer lugar, un factor cuantitativo: la masiva afluencia inmigratoria europea en el Río de la Plata. En segundo lugar, un factor cualitativo: para el filólogo, son las lenguas extranjeras europeas –especialmente el francés, el inglés y el alemán– las que, por representar los valores de las culturas más desarrolladas (sea en el plano intelectual, sea en el plano técnico o en el económico), podrían llegar a producir cambios lingüísticos de envergadura en los modos de expresión rioplatenses.
(…)
La breve nota de Ennis respecto de la traducción, por su parte, reflexiona acerca de uno de los principales núcleos semántico-conceptuales de la obra grossmanniana: la noción de patrimonio lingüístico [Sprachgut]. Lo interesante de esta reflexión, además de la conveniente consideración de orden terminológico, es que puede leerse como una aproximación a la obra que resulta complementaria del tratamiento dado por Alfón: aunque no sea este el principal objetivo de la “Advertencia del traductor”, Ennis contribuye a aclarar algunos aspectos del
texto que se comprenden a la luz de la coyuntura sociohistórica alemana de las primeras décadas del siglo XX. Con ello, los textos que presentan el trabajo de Grossmann proporcionan herramientas para su doble anclaje histórico: por un lado, en la tradición de los debates políticos y/o filológicos sobre la lengua nacional en Argentina; y, por el otro, en la coyuntura sociocultural alemana de principios de siglo, en la cual el autor se forma e interviene como investigador.

El texto completo de la reseña se puede descargar como archivo pdf de la página de RAHAL.

Aprovecho para contarles que la tesis doctoral de Juan Ennis, desarrollada en el Instituto de Romanística de la Martin-Luther-Universität de Halle-Wittenberg, ha sido publicada con el título Decir la lengua. Debates ideológico-lingüísticos en la Argentina desde 1837, (Peter Lang, 2008). En ella, Ennis analiza la dimensión política de los avatares de la lengua en Argentina durante los últimos cientosesenta años. Para leer la reseña escrita por Alfón, ver Orbis Tertius. Revista de Teoría y Crítica Literaria de la Universidad Nacional de La Plata, 2008, XIII (14)

Posteado por: Prof. y Trad. Marina Menéndez | 5 Noviembre 2009

Lunfardo villero, lenguaje tumbero y otras yerbas.

Las lenguas viven, se modifican, mutan, sepultan algunas palabras y resucitan otras. En un extremo, los avances científicos son multíparos de neologismos. En el otro, la jerga de los adolescentes y en especial de los flogger (generalmente gestada en la calle, en las redes sociales y a través de los mensajes de texto) y la de las clases sociales marginales (cuyo reservorio terminológico se plasma en la ‘cumbia villera’) introducen nuevas palabras o resemantizan olvidados trastos del español rioplatense. Voy a contarles un poco sobre la jerga villera, el lenguaje con el que se identifican quienes habitan las villas miseria y en el que cristaliza la realidad social, cultural y económica de una clase que suele ser estigmatizada por la pobreza, la delincuencia y las drogas. La música, especialmente la ‘cumbia villera’, es esgrimida como marca identitaria y expresión de esa realidad. Las bandas más conocidas son Pibes chorros, Yerba Mala, F.A. (Fuerte Apache), La Liga, Damas Gratis, etc. El “lunfardo villero” llaman a esta nueva jerga, mezcla de lunfardo , jerga villera y jerga tumbera. El Mataburro Lunfa es una compilación de términos donde aparece, por ejemplo,

RESCATAR /RESCATARSE : Dejar el “mal camino”, los excesos, las drogas, etc / Serenarse, tranquilizarse / Conseguir o comprar algo (“¡Che Cacho, rescatate una birra!”)

LLANTAS : Zapatillas

En el artículo “EL LUNFARDO EN EL ROCK Y LA CUMBIA VILLERA”, Ricardo Terrio nos dice que

El vocabulario utilizado en la cumbia villera se vio nutrido por términos tumberos. ¿Quiénes son los tumberos? Antiguamente recibían esta denominación, los soldados conscriptos que renunciaban voluntariamente a sus salidas para quedarse en el cuartel comiendo la tumba, es decir la comida de calidad inferior, primordialmente compuesta de carne hervida. El nombre tumba asignado a la alimentación de los cuarteles viene de lejos. Ya decía Martín Fierro:

“Sin sueldo y sin uniforme
lo pasa uno aunque sucumba.
Confórmese con la tumba
y si no … no se conforme” [Canto 27, versos 3613 a 3616]

Fue el escritor Enrique Medina uno de los primeros, en su libro “Las Tumbas” (Buenos Aires, 1972), que llamó tumbas a los sombríos establecimientos donde son confinados los menores delincuentes y aquellos otros que, sin serlo están marginados de la sociedad. Hoy el vocablo tumbero designa a los que están privados de libertad por largo tiempo, los que cayeron en la Tumba.

El conjunto “Yerba Brava”, canta un tema llamado justamente “Tumbero”, en el que se vive el ambiente de la cárcel:

Tumberoooo…
Ey, tumbero mueva.
Estoy pegado, rejugado, hasta las manos
Ranchando con pibitos de mi palo
A los violines los hacemos nuestros gatos
Los del pabellón gris son refugiados.
Ahora estamos guardados, no podemos zafar
La faca ya está afilada así que le vamos a dar.
Tumbero yo soy, yo voy a salir
Tumbero yo soy, que se arme el motín
Tumbero yo soy, ya voy a salir.
Cuando esté afuera te vas a morir.
Ey. Tumbero ésta será por vos.

Pegado: preso.
Rejugado: sin salida, sin escapatoria, comprometido al extremo.
Ranchando: comiendo.
Palo: iguales
Violines: violadores.
Gatos: homosexuales pasivos.
Guardados: presos.
Faca: cuchillo hecho con elásticos de cama.

En el mismo artículo, Terrio incorpora un pequeño glosario tumbero, por ejemplo:

Armeti: Armado de cigarrillo.
Astillar: Repartir el producto de un robo.
Auto: Homosexual pasivo.
Caño: revólver, arma de fuego
Carpuseando: Mirar a alguien con intenciones de tener sexo.
Colino: Loco
Corchito: Cigarrillo con filtro.
Embroyo: Carpa hecha con frazadas que se usa para mantener relaciones sexuales.
federico: oficial de la Policía Federal
Fiche: Oficial de policía.
Fuelle: Calentador.
Merluza: Cocaína.
Mula: el que transporta droga en su organismo.
Pajarito: Bebida alcohólica elaborada clandestinamente por los internos. Se compone de levadura, agua de arroz, azúcar y fruta rallada.
Sapo: Candado.
Transa: Venta de droga.
Verduga: Mujer, esposa.
Yuta: policía

Entre las palabras de la jerga villera relacionadas con la droga encontramos:

El viejo de la bolsa: es el que vende droga.
Anestesia: es otra forma de llamar a la droga.
Chala: marihuana.
Fumanchar: fumar marihuana.
Maria Juana: marihuana.
Merca: droga.
Narquear: ofrecer droga.
Papel: dosis de cocaína.
Raviol: dosis de cocaína.
Ladrillo: envase donde viene envuelta la droga.
Rama: marihuana.

F.A. es una banda de rap integrada por habitantes del complejo habitacional Fuerte Apache “el barrio más peligroso del oeste”, en los suburbios de la capital argentina. Sus temas incorporan una particular simbiosis de delincuencia, amor, drogas y marginalidad expresada a través de un lenguaje ‘villero’. En la página oficial de la banda, se advierte al cibernauta: “PELIGRO: LENGUAJE EXPLÍCITO”. En la contratapa de su último disco incluyeron un glosario “para no entendidos”.
Aquí algunos fragmentos del tema “Sabés quien soy”:

yo camino tranki y piola ..
pibe re gil y por mas q tengas
pistola yo se q sos gil!!
tu familia son mecheros que chamuyan con los tranzas
no te hagas el chorro veretines de balanza!!


gato resentido la hago corta y no la estiro
rescatate y enfierrate que te estoy pidiendo tiros!

mechero: persona que roba ropa en las tiendas(del Pequeño Diccionario tumbero)
chamullar: charlar, conversar, genrealmente con el fin de lograr algo. Chamullo/Chamuyo es una palabra que el lunfardo tomó del caló (dialecto de los gitanos de España). En “La reina del tango”, Enrique Cadícamo escribió: El gotán se te fue al corazón como un dulce chamullo de amor.
tranza: vendedor de droga
chorro: ladrón
gil (palabra del lunfardo que también deriva del caló): tonto. En su Diccionario del lunfardo, Gobello menciona los aumentativos gilón y gilún, este último con influencia del genovés, así como los despectivos gilastro y gilastrún. También es usual la inversión “logi”
fierro: revólver

Buscando por ahí, encontré algunos aportes diseminados:

Zamudio: tiene dos significados, se utiliza para llamar al porro de queruza (*) o bien cuando se habla del dinero.
ejemplo 1: podríamos quemar unos zamudios…
ejemplo 2: juntamos unos zamudios pa’ la birra?
(*) Queruza: cuidado, atención, ojo!!, mayormente utilizado anteponiendo la preposición “de”. También dícese de lo que se produce de un robo o algo ilegal.

Petiso: sexo oral

Bajá cancha: invitación a pelear.

Effeame!!:): Dicese de pedir que algun pobre pendejo solitario le firme el fotolog para tener la falsa ilusion de que tiene amigos.

bigote:persona que quiere o aparenta ser algo que no es.

Tomarse el palo: irse de un lugar.

Juguete. Adverbio negativo. Sinónimo de ‘no’. Usado para negar, principalmente en respuesta a una pregunta. Ej. “-¿Vas a ir a mi casa? -Juguete”.

Alto/a: se usa como adjetivo, sinónimo de ‘gran’, ‘espectacular’, ejemplo: alto quilombo, alta fiesta

Y en este blog aparecen:

Frula: Cocaina Tambein Milonga, Merca. Tiza
patanegra: Policia Bonaerense
¿que carpeas?: ¿Que MIras?
flashiar: Imaginar algo en estado de intoxicacion
Breca: cabaret

Hace poco descubrí una versión ‘villera’ del tango “Se dice de mí”, el que cantara Tita Merello y cuya letra se popularizara a través de la telenovela “Bety, la fea” en la voz de Aurora Rayos. Si la fusión está de moda en el pentagrama, esta simbiosis de tango y cumbia villera es un extraño botón de muestra.
Si quieren seguir explorando el tema, les recomiendo leer:
“Tangueces y lunfardismos de la cumbia villera” de Gabello y Oliveri, editado por Corregidor
“Cumbia villera ¿el ruido de los olvidados?” de María Soledad Barría en el que analiza el fenómeno desde la óptica de la sociología.

Posteado por: Prof. y Trad. Marina Menéndez | 27 Octubre 2009

Inmigración italiana y francesa en Argentina: lunfardo, prostitución, loras y tango….

El lunfardo, del que ya he hablado en otras entradas, está inextricablemente ligado a la historia de la Argentina, especialmente al apogeo del tango en tiempos de Carlos Gardel y al período de la inmigración durante las primeras décadas del siglo XX. Intentaré resumir la concatenación de los principales hechos que dieron forma a la incorporación del lunfardo en el tango:

Según Sarmiento -político, ensayista y escritor que fuera presidente de la República Argentina entre 1868 y 1874- el gran problema de nuestro país era la extensión: “el desierto la rodea por todas partes y se le insinúa en las entrañas, la soledad, el despoblado sin una habitación humana son por lo general los límites incuestionables entre una y otra provincia”, decía Sarmiento. Argentina abarca 2.766.889 km2 sin contar la porción insular. Desde La Quiaca (extremo norte) a Ushuaia (extremo sur) hay 5.171 km; la provincia de Buenos Aires equipara en superficie a Francia. Sarmiento apuntaba no a la extensión en sí misma sino a quienes habitaban este inmenso país: una oligarquía que había llegado del extranjero a comprar tierras (o recibirlas de mano de algún político ‘benefactor’) y sacar provecho de la ganadería y la agricultura como así también de la mano de obra barata (no dejen de leer Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano), por otro lado estaban los pobladores nativos, indígenas que habitan más alla de la llamada “frontera de Alsina”, una línea imaginaria que dividía la zona ‘civilizada’ de la provincia de Buenos Aires del resto del país, y que constituían -en el pensamiento sarmientino- la ‘barbarie’. Los indios serían perseguidos y exterminados (especialmente durante la “Conquista del Desierto” llevada a cabo por el presidente Roca a partir de 1878) en pos de la idea de progreso…. Las tierras ganadas a los indígenas pasaron, muchas veces, a manos de los oligarcas que necesitaban mano de obra … Con anuencia de los gobernantes, los gauchos -que eran reclutados para servir en la frontera con los indios en cumplimiento de la Ley de Leva- proveyeron los brazos para trabajar las tierras cuya producción se transportaba a través de las vías ferroviarias construidas con inversiones inglesas hacia el Puerto de Buenos Aires para satisfacer las necesidades y lujos de los consumidores europeos.
El político y escritor argentino José Hernández retrató -no sin sesgos ideológicos- la vida del gaucho durante la presidencia de Sarmiento en su obra Martín Fierro. Este libro fue elevado por Leopoldo Lugones a la categoría de ‘épica nacional’ e instituido como lectura obligatoria en las escuelas en una maniobra política que pretendía ‘argentinizar’ a la gran masa de extranjeros. De este modo, se construyó discursivamente al gaucho como personaje típico argentino aunque la representatividad de este tipo social ha sido cuestionada por varios investigadores. Lo que Lugones no previó fue que los inmigrantes italianos verían en el personaje de Martín Fierro una encarnación del anarquismo.
Para Sarmiento como para Alberdi, otro gran ideólogo de la inmigración, “poblar era civilizar” pero… La gran masa de inmigrantes que llegó al país no venía de los países del norte de Europa ni tenía un alto nivel educativo, como había esperado Sarmiento cuando aplaudió la ley 817 de “Inmigración y Colonización” -conocida como la Ley Avellaneda- de 1876. Entre 1880 y 1918 hubo dos grandes olas inmigratorias en las que arribaron al país más de cinco millones de personas provenientes de Italia y España y, en menor medida, franceses, alemanes, turcos, portugueses y latinoamericanos (para saber un poco más sobre inmigración en Argentina ver, por ejemplo, aquí y para saber las estadísticas vean este enlace) . En 1895, los inmigrantes constituían el 25, 5 % de la población y en 1914, el 30 por ciento. Los inmigrantes eran en su mayoría hombres que venían solos a buscar trabajo para luego traer a sus familias y que se asentaron principalmente en la ciudad de Buenos Aires, llegando a conformar el 70 % de la población masculina de esta ciudad portuaria. Hombres solos en una ciudad portuaria… ¿consecuencia? Sideral incremento de la prostitución, trata de blancas, persecusión de homosexuales y diseminación de la tuberculosis. Lo que hoy es el Paseo Colón era en ese entonces la ‘zona roja’ donde también existían lugares para fumar opio (el primer registro oficial de un lugar donde se comercializaban psicoactivos data de 1918). Esto generó una trata de blancas que (a)trajo a prostitutas francesas y polacas que atendían a los marineros y a los inmigrantes. A las prostitutas francesas se las llamaba loras por su acento, el particular sonido de la /R/ en francés; de ahí deriva una expresión “Andáte a la concha de la lora“.
La historia -y las historias personales- de estas prostitutas fueron ficcionalizadas en muchas obras de la literatura argentina y también en las letras del tango. Cito a Tomás Barna:

el Paseo de Julio (actualmente Avenida Leandro N. Alem y Paseo Colón) era el fondeadero de rufianes, prostitutas, marineros, gente de hampa, compadritos y aventureros de toda laya. Desarrollaban, en ese lugar, su actividad: pulperías, burdeles y bailongos, lo mismo que en Dock Sud, Constitución, los Corrales Viejos y –más cerca del Centro– en Balvanera y en los alrededores de la esquina de Junín y Lavalle (el barrio de los prostíbulos con mayoría de “pupilas” polacas y francesas). El eje de la vida nocturna de aquella denominada “época prohibida del tango” fue La Boca, y su apogeo duró hasta aproximadamente 1915, girando alrededor de la famosa esquina de Suárez y Necochea.

Osvaldo Bazán, autor de “Historia de la homosexualidad en la Argentina” dice en una entrevista que:

La Generación del ’80 con su política higienista puso a los “invertidos” bajo la lupa de la ciencia y terminó convirtiendo en delincuentes a todos los “pederastas” del bajo fondo. De esa época es el llamado “depósito 24 de Noviembre”, porque estaba ubicado en esa calle. Ahí la policía llevaban a la gente que detenía sin causas penales: anarquistas, prostitutas, inmigrantes, lunfardos, travestis, madamas, homosexuales, bisexuales, los que no estaban invitados a construir el país que pretendía la Generación del ’80.

Un dato que deja boquiabierto a cualquiera es que a fines de siglo, la ciudad de Buenos Aires tenía treinta prostíbulos por cada escuela. Como señala Gustavo Varela:

Así era Buenos Aires a fines del siglo XIX. ¿Muy lejos de la patria pedagógica que había imaginado Sarmiento, ¿no?

y continúa:

En esa Buenos Aires que tiene más de seis mil prostíbulos el tango es una danza lasciva, música del encuentro sexual que es vista por la clase alta como una enfermedad moral en medio de la sociedad higienista.

Griseta, Mireya, Madame Ivonne, Ivette, Margot …

El tango, que surge en los arrabales de Buenos Aires, no sólo incorpora el lunfardo, que a su vez se nutre de palabras del italiano y el francés que se oían en esta ciudad sino que además en sus letras despunta la historia de la inmigración y la prostitución. En 1980 se publica un texto de Julio Cortázar con ilustraciuones de Hermenegildo Sabat: Un gotan para Lautrec. El título contiene el término lunfardo para “tango” formado a partir de la inversión de las sílabas y una referencia al pintor francés que se inspiró en una ‘pupila’ a la que frecuentaba, Mireille. Cortázar intuye que la pelirroja Mireille atravesó el Atlántico para vivir en el tango convertida en la rubia Mireya por los versos que Manuel Romero escribiera en 1926. He aquí algunos fragmentos:

Te acordás, hermano, qué tiempos aquellos…?
Eran todos hombres, más hombres los nuestros.
No se conocía coca ni morfina;
los muchachos de antes no usaban gomina…
¿Te acordás, hermano, qué tiempos aquellos…?
Veinticinco abriles que no volverán…
¡Veinticinco abriles! ¡Volver a tenerlos!
¡Si cuando me acuerdo me pongo a llorar…!
…….
¿Te acordás, hermano, la Rubia Mireya
que quité en lo de Hansen al guapo Rivera?
¡Casi me suicido una noche por ella,
y hoy es una pobre mendiga harapienta…!
¿Te acordás hermano, lo linda que era?
¡Se formaba rueda pa´verla bailar!
Cuando por la calle la veo tan vieja,
doy vuelta la cara y me pongo a llorar…

De 1921 es el tango Margot, de Celedonio Fernández, al que Gardel le puso voz:

Se te embroca desde lejos, pelandruna abacanada,
que has nacido en la miseria de un convento de arrabal…
Porque hay algo que te vende, yo no sé si es la mirada,
la manera de sentarte, de mirar, de estar parada
o ese cuerpo acostumbrado a las pilchas de percal.
Ese cuerpo que hoy te marca los compases tentadores
del canyengue de algún tango en los brazos de algún gil,
mientras triunfa tu silueta y tu traje de colores,
entre el humo de los puros y el champán de Armenonville.

Son macanas, no fue un guapo haragán ni prepotente
ni un cafisho de averías el que al vicio te largó…
Vos rodaste por tu culpa y no fue inocentemente…
¡berretines de bacana que tenías en la mente
desde el día que un magnate cajetilla te afiló!

Yo recuerdo, no tenías casi nada que ponerte,
hoy usas ajuar de seda con rositas rococó,
¡me reviente tu presencia… pagaría por no verte…
si hasta el nombre te han cambiado como has cambiado de suerte:
ya no sos mi Margarita, ahora te llaman Margot!

Ahora vas con los otarios a pasarla de bacana
a un lujoso reservado del Petit o del Julien,
y tu vieja, ¡pobre vieja! lava toda la semana
pa’ poder parar la olla, con pobreza franciscana,
en el triste conventillo alumbrado a kerosén.

En el tango Griseta, también cantado por Gardel, se congregan los personajes de La Bohème de Puccini y de La dama de las Camelias de Dumas:

Mezcla rara de Museta y de Mimí
con caricias de Rodolfo y de Schaunard,
era la flor de París
que un sueño de novela trajo al arrabal…
Y en el loco divagar del cabaret,
al arrullo de algún tango compadrón,
alentaba una ilusión:
soñaba con Des Grieux,
quería ser Manon.

Francesita,
que trajiste, pizpireta,
sentimental y coqueta
la poesía del quartier,
¿quién diría
que tu poema de griseta
sólo una estrofa tendría:
la silenciosa agonía
de Margarita Gauthier?

Mas la fría sordidez del arrabal.
agostando la pureza de su fe,
sin hallar a su Duval,
secó su corazón lo mismo que un muguet.
Y una noche de champán y de cocó,
al arrullo funeral de un bandoneón,
pobrecita, se durmió,
lo mismo que Mimí,
lo mismo que Manón.

Una recomendación: no dejen de leer el artículo “Milonguitas” en Buenos Aires (1910-1940): tango, ascenso social y tuberculosis de Diego Armus.

Posteado por: Prof. y Trad. Marina Menéndez | 19 Octubre 2009

Tontos y borrachos en Argentina

En una nota titulada Los vocablos para tonto y borracho en Hispanoamérica, publicada en la página del castellano se hace referencia a la próxima publicación del Diccionario de Americanismos. Como argentina y como viajera curiosa de mi país, me sorprende enterarme de palabras que -de acuerdo con la recopilación de información que sustentará el Diccionario- se usan en mi país aunque yo nunca las he oído o leído.
Veamos:

Si uno es tonto o lo parece, en Cuba le llamarán guacarnaco, en México, guarín o nonti; en Nicaragua, jaime, y en Argentina y Uruguay, magallanes.

En Chile, decirle falluco a alguien es llamarlo tonto o escaso de entendimiento, mientras que en Argentina faltito, fanega y frilo expresarían lo mismo; en Puerto Rico preferirían decir guachinango, huelepega o huelestaca, y en Honduras acudirían a términos como jilote, jorjón o lele para referirse al que es bobo. En México prefieren voces como zope, zorimbo o zurumato.

Paspado, lerendo, mangungo, menso, pavísimo, pendejón, tunteco, turuleto, virote o zonzoneco constituyen una buena muestra de las múltiples formas en que a uno pueden llamarle tonto en Hispanoamérica.

Larga es también la lista de sinónimos de borracho. Desde el fumigado de México, el luceado de Puerto Rico, el molonqueado de Honduras, o el pelado y el tuturuto de Venezuela, hasta el patudo de El Salvador, el puestón de Chile o el tomatrago de Colombia.

A quien está sólo medio borracho es mejor decirle hachoneado, tres-quince, zapatón o zapatudo.

Ignoro soberanamente los términos magallanes, faltito, fanega y frilo.
En Argentina, el excesivo consumo de etílico hace a uno digno de los siguientes calificativos mamado, escabiado, picado, chupado, duro, empedado; estar borracho es estar en pedo, estar escabiado, tener un tornillo (terrible). La palabra más utilizada por estos lares para designar el estado de ebriedad es escabio que deriva del italiano scavio (vino) según nos informa Conde en su Diccionario etimológico del lunfardo (1998, Perfil Libros, Buenos Aires).

El archifamoso mote de quienes son considerados “tontos” es boludo. También suelen ser asociados con la gastronomía – salame, papafrita, queso, nabo, con la zoología – ganso, pavo- o recibir otros apelativos no menos amigables como tarado, opa, imbécil, papanatas, gil

Me despido con el tango “Las cuarenta”, que en la voz de Adriana Varela suena delicioso:

Con el pucho de la vida apretado entre los labios,
la mirada turbia y fría, un poco lerdo el andar,
dobló la esquina del barrio y, curda ya de recuerdos,
como volcando un veneno esto se le oyó acusar.

Vieja calle de mi barrio donde he dado el primor paso,
vuelvo a vos, gastado el mazo en inútil barajar,
con una llaga en el pecho, con mi sueño hecho pedazos,
que se rompió en un abrazo que me diera la verdad.

Aprendí todo lo malo, aprendí todo lo bueno,
sé del beso que se compra, sé del beso que se da;
del amigo que es amigo siempre y cuando le convenga,
y sé que con mucha plata uno vale mucho más.

Aprendí que en esta vida hay que llorar si otros lloran
y, si la murga se ríe, hay que saberse reír;
no pensar ni equivocado… ¡Para qué, si igual se vive!
¡Y además corrés el riesgo de que te bauticen gil!

La vez que quise ser bueno en la cara se me rieron;
cuando grité una injusticia, la fuerza me hizo callar;
la experiencia fue mi amante; el desengaño, mi amigo…
Toda carta tiene contra y toda contra se da!

Hoy no creo ni en mí mismo. .. Todo es grupo, todo es falso,
y aquél, el que está más alto, es igual a los demás…
Por eso, no has de extrañarte si, alguna noche, borracho,
me vieras pasar del brazo con quien no debo pasar.

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