Reflexiones, notas y recursos sobre el idioma español. Análisis del discurso. Corrección. Edición. Etimología. Lectura y escritura. Lingüística. Lunfardo. Neologismos. Publicación digital. Spanglish. Traducción. Variedades de español.

Hoy sos toda una bacana, la vida te ríe y canta,/ los morlacos del otario los jugás a la marchanta/ como juega el gato maula con el mísero ratón./ Hoy tenés el mate lleno de infelices ilusiones,/ te engrupieron los otarios, las amigas y el gavión…

Mano a mano. Celedonio Flores, 1923

El idioma de Buenos Aires    

    El “fondo idiomático” procede de cuatro maneras principales para elaborar su vocabulario: A) inventa directamente palabras: atorrante, de los vagos que dormían en los caños que la casa A. Torrent había depositado en los terrenos baldíos adyacentes al puerto; B) inventa acepciones por semejanza: crudo (inexperto), de carne aún no cocinada; C) inventa acepciones por derivación: amurar (abandonar), de “amurado”, individuo aislado de la sociedad por los muros de la cárcel; D) inventa grafías: garaba, inversión modificada de “baraja” (se dice de la mujer que circula por las calles en busca de dinero, como naipe ganador). Esta última forma comprende los anagramas comunes llamados “vesre“: feca con chele (café con leche), jotraba chorede (trabajo derecho), gotán (tango), y también a las deformaciones por contracción (malevo, de malévolo) o por adición (endeveras, por deveras).
El mecanismo del lenguaje popular es esencialmente metafórico. (…) como ilustración los siguientes sustantivos metáfora utilizados entre nosotros para nombrar la cabeza: fosforera, por el contenido; pensadora, por la función; mate, por la forma; azotea, por la situación. Sin que falte el vocablo peyorativo: piojera. Esta simpática enumeración se puede completar con palmado (enfermo), que viene de “palma”, ofrenda mortuoria; botón (agente de policía), porque “prende” al delincuente, (…), canchero (hábil), que tiene dominio del terreno, de la cancha, donde actúa; vento (dinero), del italiano “vento” (viento), porque se escurre con facilidad. (…)
Otras veces la referencia no es local; se trata de palabras extranjeras que han adquirido su correspondiente derecho a la ciudadanía; así, pertenecen al francés, o a su argot, los siguientes vocablos: cana (canne), policía; escracho (escrache), cara; macró (maquereau), tratante de blancas; ragú (ragoût), hambre; enfriar (refroidi), asesinar; bulín (boulin), habitación. Al italiano: bacán (bacán), hombre rico; batifondo (battifondo), escándalo; berretín (beretin), sentimiento arraigado; biaba (biava), paliza; estrilar (strillare), rabiar; yeta (jettatura), mala suerte; fungi (funghi), sombrero; linyera (linghera), vago. Al portugués: fulo (fulo), enojado; matungo (matungo), caballo viejo; tamango (tamanco), zapato; cafúa (cafúa), cárcel; vichar (vigiar), espiar. Al inglés: chinchibirra (ginger beer), limonada gaseosa; gol (goal), tanto; estándar (standard), común; sangüich (sandwich), emparedado; orsai (off side), fuera de lugar. De idiomas aborígenes, al quichua: pucho (puchu), lo que sobra; yapa (yapani), añadidura; chuchi (chucchina), voz cariñosa de contenido erótico; ñaupas (ñaupaco), antiguamente; minga (minka), trabajo que no se retribuye con dinero; y al guaraní: caracú (caracú), médula. (…)

José Edmundo Clemente en El lenguaje de Buenos Aires, Emecé Editores, Buenos Aires, 1968.

Visto en niusleter

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Comentarios en: "Palabras porteñas" (1)

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